La empresa familiar que apuesta por el palito bombón helado y factura $ 400 millones

Sebastián Pérez y Daniel Frascarelli dirigen Ice Cream, compañía argentina que produce 22 millones de litros de helado al año. “Este es un día glorioso”, exclama sonriente Sebastián Pérez mientras sube las escaleras rumbo a su oficina en el primer piso de la planta que Ice Cream, la empresa fabricante de helados que fundó su […]

Sebastián Pérez y Daniel Frascarelli dirigen Ice Cream, compañía argentina que produce 22 millones de litros de helado al año.

“Este es un día glorioso”, exclama sonriente Sebastián Pérez mientras sube las escaleras rumbo a su oficina en el primer piso de la planta que Ice Cream, la empresa fabricante de helados que fundó su padre en 1986, tiene en El Talar, provincia de Buenos Aires. Los más de 30 grados que apunta el servicio meteorológico, asegura, son ideales para un palito bombón. Lejos de haber pasado de moda, el ejecutivo apuesta por este producto, aunque también lanzó su franquicia de locales para competirle a las heladerías artesanales. Con una producción de 22 millones de litros de helado y una facturación que superó los $ 400 millones, la compañía quiere competirle la torta (helada) de mercado a Nestlé y Arcor.

Con un pequeño local en el barrio porteño de Villa Urquiza comenzó el sueño de Ricardo Pérez que ya llevaba la tradición heladera en su familia, ya que su tío había sido el fundador de Helados Macris. “Cuando empezó hacía baldes para heladerías, que era lo más fácil de producir”, recuerda Sebastián, que se sumó a la empresa en 2001 como Gerente Comercial y desde el fallecimiento de su padre en 2015 ocupa el puesto de socio gerente. Al poco tiempo, Daniel Frascarelli compró parte de las acciones y se incorporó al proyecto que actualmente codirige junto al heredero del linaje de heladeros.

El negocio fue escalando, especialmente con la producción de postres helados hechos a mano, y el lugar les quedó chico, por lo que se trasladaron a un predio de 2000 metros cuadrados en Sarandí. “Ahí instalamos las primeras máquinas automáticas para hacer palitos”, afirma Frascarelli. Durante ese período la empresa encontró su nicho: los supermercados. “Coincidió con el boom del freezer domiciliario. Eso nos dio un impulso muy grande porque nos convertimos en pioneros en la provisión de postres y helados para los supermercados”, relata. Carrefour fue la primera cadena para la cual desarrollaron productos, aunque luego también se sumaron algunas marcas de helados que les solicitaban producción como Kibón y Arcor.

Si bien su fuerte está en el segmento de helados “impulsivos”, Sebastián Pérez, arquitecto de profesión, afirma que las heladerías artesanales también son una competencia. Por esto, en 2011 decidieron lanzar Ice Cream Store, locales propios en los que no solo venden los clásicos postres y palitos sino también helado a granel a $ 190 el kilo. “Lo hicimos para poder agarrar un poco de la cuota de mercado”, señala. Sin embargo, los 15 stores, que operan bajo el modelo de franquicia, representan una pequeña fracción del total de la facturación de la compañía -$ 12 millones.

Los argentinos se caracterizan por tener un paladar gourmet en algunas cuestiones, pero a la hora de elegir los sabores de helados todavía continúan siendo conservadores. Dulce de leche y chocolate siguen siendo los campeones invictos. “Este año sacamos un helado de canela, la gente lo prueba y es rico, pero es difícil que lo adopte y termina volviendo a lo tradicional”, afirma Frascarelli. Y Pérez, socio gerente de Ice Cream, agrega: “En el sector de impulsivos y postres hay más potencial de innovar, porque en los baldes tradicionales más allá de brindar algún nuevo sabor no tiene ninguna novedad”.

En 1998 la empresa dio el gran salto y se mudó de Avellaneda a Tigre. La planta, desde la que hoy trabajan sus 220 productos, tiene 15.000 metros cuadrados y cuenta con capacidad para producir 30 millones de litros de helado. Desde Ice Cream aseguran que el 40 por ciento de su producción va a las cadenas de supermercados, un porcentaje similar a distribuidores, mientras que el 20 por ciento restante es a fasón – productos desarrollados para terceros -. Para 2018 planean aumentar la producción un 15 por ciento  con una proyección de facturación cercana a los $ 550 millones para el ejercicio en curso.

Al tener todos los cañones apuntados a la Argentina, ya que consideran que la exportación no es un negocio rentable, especialmente por las barreras naturales del producto, la caída del consumo les trajo más de un dolor de cabeza. “El primer año de la crisis por las medidas económicas de este Gobierno bajó el consumo entre 10 y 15 por ciento”, asegura Frascarelli. El ejecutivo heladero analiza que la mejora del nivel adquisitivo para 2018 es clave para que la industria no se estanque. Y reflexiona: “De no mejorar podemos ir tomando porciones de mercado de la competencia en base a la innovación”.

Para este año, ambos directivos coinciden en que el principal objetivo es “seguir creciendo”, aunque saben que cuando comience marzo marcará el fin de la temporada alta, en la que llegan a concentrar el 60 por ciento del total de las ventas. Al costado tienen a Nestlé y Arcor, pero no le escapan a la competencia y aseguran que pueden ganar más terreno dentro del mercado. “En base a management, tener la gente apropiada y estar innovando constantemente no solo en lo que es el producto sino también en la forma de trabajo”, resumen. Aunque la apuesta está en seguir manteniendo viva la tradición del palito bombón helado.

 

Fuente: Apertura

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