El boom de la heladería barata y misteriosa

A la heladería Nicolo no se puede entrar. Desde un vidrio blindado te hablan con un micrófono. Pedís, pagás, te pasan el pote por una ventanilla circular y chau. Se parece a un cajero autómatico. Hace poco le salió una competencia irónica llamada “Banco de Helados”. Nicolo está acá y allá en un montón de […]

A la heladería Nicolo no se puede entrar. Desde un vidrio blindado te hablan con un micrófono. Pedís, pagás, te pasan el pote por una ventanilla circular y chau. Se parece a un cajero autómatico. Hace poco le salió una competencia irónica llamada “Banco de Helados”. Nicolo está acá y allá en un montón de esquinas. Crece a ritmo de franquicia. Donde hubo un buzón, ahora hay una heladería protegida. Aún podemos distinguir entre el hombre y la máquina, pero Nicolo -que es un poco fóbica y tampoco tiene delivery- claramente es un límite distópico. Dicen que el chocolate con almendras tiene almendras. Hay gente que habla bien de su dulce de leche. Y de su limón.

Aunque los helados de Nicolo existen desde 1980, a los ojos de la mayoría es algo de los últimos meses. Las franquicias sirven para eso, para entender que en la vida todo llega. Es como si las franquicias te gritaran al oído y ganaran por cansancio. Nicolo nació modestamente y se reprodujo a lo Palito Ortega. Hace poco llegó a Palermo Soho con su kilo a 120 pesos, generando fuerte escozor en el barrio donde lo barato no es bien visto.

De movida pagó un derecho de piso e inactividad pero un sábado de agosto tiene una cola que llega hasta la calle. Cuentan que a Nicolo le ocurrió lo mismo que al adelantado de la hamburguesa sofisticada: Burger Joint. “Estuvimos más de medio año sin que entrara nadie”, recuerda Pierre Chacra, dueño y cocinero cuyo atributo más gracioso consiste en despreciar al ambiente gastronómico.

Palermo Soho y Hollywood fueron adversos a las heladerías. Pese a que sobreviven bares hasta míticos, el rubro heladero tardó en imponerse, y cuando lo hizo adoptó el aspecto de un entorno que no acostumbra llamar las cosas por su nombre (léase colchón de verdes). En su momento, Tufic, heladería de origen libanés, ensayó su palermitud consagrándose para siempre como “Espacio de sabores”.

La imagen de Nicolo está en manos de unos “creadores de marcas” conocidos como Estudio Demaro. Tras algunos intentos por saber algo más sobre Nicolo, un mail desconcertante ingresa en nuestro correo: Te escribimos en relación a la nota que nos comentaste que querías realizar contando la historia de la heladería Nicolo. Por una cuestión de respeto a nuestro cliente, nos pusimos en contacto con él para comentarle sobre la intención y por su perfil bajo no está interesado en exponer su historia, así que lamentablemente no podemos brindarte ni información ni el contacto del dueño. Te pido disculpas. Saludos, Florencia.

Queriendo hacer una notita, nos topamos con una investigación. Daniel Santoro está ocupados en otros menesteres, de modo que hacemos lo que se puede por averiguar más sobre el misterioso boom del helado barato. Desciframos que es Nicolo por el fundador, imagen representada en el rostro tierno y agradable de un maestro heladero. “Toda su identidad –informan fuentes confiables- se plasma en el packaging y en comercios donde, estratégicamente, se destaca uno de sus principales atributos: la boca de expendio que los posiciona como los creadores del helado al paso”.

La atención en cualquiera de sus sucursales es apenas menos fría que los productos que venden. Un empleado. Como mucho, dos. Ni café ni tostado de jamón y queso. Sólo helados.

Daniel Arce sabe de franquicias porque justamente es socio de Franquicias Que Crecen, una consultora con más de 350 aperturas de locales de distintas cadenas. “La franquicia es la posibilidad para el comerciante menos emprendedor”. Ajá. “Sí aparecen cada vez mas heladerías Nicolo, quiere decir que hay mucha gente queriendo vender aquella cosa que funciona”.

Daniel es un tipo muy amable que ayuda a comprender. “La estética de cajero automático permite que haya menos empleados. Esta es una heladería sin relación personalizada que echa por la borda toda la vieja tradición del inmigrante italiano que atendía el mostrador. El único objetivo es bajar el costo a la mitad y para eso usan una estructura de locales chicos con pocos empleados. Al bajar el costo de operación, se puede vender a un precio muy accesible. Nosotros contabilizamos que abrieron 26 locales de Nicolo, pero seguramente sean más”.

La heladería llegó a diez mil seguidores en Instagram y extrañamente cerró la cuenta.

En Twitter la gente comenta:

“Cuando hagamos la revolución todos los helados van a tener el sabor de los helados Nicolo”.

“El sistema de venta de Nicolo es lo más parecido a comprar merca en un búnker de Rosario”.

“Nicolo Helados: la única cadena de heladerías preparada para el apocalipsis zombie y la nieve de El Eternauta”.

“Los helados de Nicolo son la gloria”.

“Mi mamá va a poner un local de los helados Nicolo, yo ya no se que pensar”.

“Me hacen mal las sucursales de Nicolo helados”.

“Abrieron una sucursal de Helados Nicolo a dos cuadras de casa y es como que voy a subir esos 15kg que bajé”.

-¿Cómo se produce el efecto contagio?

Daniel Arce: -“Los que compran franquicias son empleados que se cansaron de tener jefes y buscan una salida minimizando riesgos. El 25 % de los inversores tiene que ver con despidos y el destino que se le estaría dando a las indemnizaciones. En el caso particular de Nicolo, el 90 % de los locales están en las esquinas. Estimamos que venden alrededor de 25 mil kilos anuales de helado, lo que está muy bien tratándose de una novedad”.

A la explícita negativa de darse a conocer, se suma que la página de internet de la heladería sigue en estado de construcción.

¿Por qué no hay manera de entablar una relación? Arce tiene su propia teoría al respecto: “No les interesa comunicarse con el mercado. Así se simple. Ellos están muy conformes con el negocio y seguramente entiendan que deben manejarse con este perfil. Hasta lo que sabemos, piensan seguir creciendo y no quieren que se sepa nada de ellos”.

-¿Por?

-Porque a veces se trata de pymes que tuvieron algún evento de inseguridad o por el propio temor a la presión impositiva. Es así, estos dos elementos se repiten seguido. Las Medialunas del Abuelo habían levantado mucho su perfil y de tanto runrún les entraron ladrones y se llevaron mucho dinero. A partir de ahí, los franquiciantes se asustaron.

Fuente: Diario Clarín

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